Leticia y Jorge
habían encontrado la fórmula para
compatibilizar sus gustos personales con el
bienestar de la pareja. La propuesta la hizo
Jorge y, aunque ella tenía dudas pues
argumentaba que si él deseaba irse sólo era
porque no la quería, la fórmula resultó un
éxito.
La separación física reforzó la unión
sentimental y ninguno de los dos se sintió
culpable, como había ocurrido otros años, de
hacer renunciar al otro a las vacaciones que
deseaba. El reencuentro en septiembre fue
estupendo. Tenían ganas de verse, de
contarse todo, de estar juntos.
Leticia y Jorge tienen gustos y
características opuestas, pero su relación
funciona bien. Él es reservado y le gusta
escalar rodeado por el silencio de la
montaña. Ella, en cambio, es muy sociable y
habladora. Le encanta tumbarse en la playa y
hablar.
Se conocieron en una reunión y cuando ella
llevaba largo rato hablando, le preguntó a
Jorge: '¿Y tú qué dices?'. Él respondió que
prefería escucharla. La elección de una
pareja con gustos opuestos a los nuestros
puede estar motivada por el deseo de
mantener una separación que evite la
confusión entre ambos y aumente el
sentimiento de libertad.
La afinidad con el otro nos hace sentir
seguridad porque nos movemos en un terreno
que dominamos, pero también puede resultar
asfixiante si todos los espacios propios se
comparten.