La península del
Yucatán se conforma como lugar clave donde
aún se puede sentir la fuerza de aquellos
pobladores fieles a la naturaleza y a su
mensaje; aquellas gentes que vivían en
armonía y que hacían de sus días un rito
sosegado. En nuestros días, el visitante se
refugia consciente de que esta vibración
perdura de manera sobresaliente.
Contemplar los
yacimientos arqueológicos mayas no es un
tradicional recorrido turístico. Se trata de
introducirte en una época como si de un
viaje en el tiempo se tratara. A este
revivir humano se une la belleza de un
paisaje natural configurado en perfecta
sincronía con la construcción, por lo que
los torrentes naturales, las escabrosas
montañas o las junglas húmedas parecen
evocar las voces de un tiempo eterno y
mítico.
El célebre
territorio del Yucatán se extiende a modo de
dedo pulgar albergando tres estados
mexicanos: Quintana Roo, Yucatán y Campeche.
Cancún es el centro turístico de Quintana
Roo. Su nombre es ya internacional por el
reconocimiento de sus playas, paraísos donde
esconderse del mundanal ruido y en los que
recuperar la energía dispersa en la ciudad.
Si la historia
es uno de los principales reclamos para
acercarse a México, en Cancún todo parece
ser al contrario. Es el futuro quien se
apodera del asombro humano, construyendo
edificios piramidales o cafés a estilo maya
del siglo XXI. Pero una cosa permanece
intacta más allá de sus civilizaciones
milenarias: las playas de arena blanca.
La buena acogida
turística de Cancún hizo proliferar a lo
largo de la carretera 37 diversos puntos
estratégicos donde tomar el sol sin perderse
nada de una sociedad con calidad de vida. De
esta manera, playas de características
semejantes se difuminan acogiendo al viajero
hasta Tulum. Es este el lugar más
reconfortante de cuantos se pueden visitar.
Agradecido y sencillo, sus precios se
mantienen sin dispararse y además de mar,
ofrece unos de los mejores enclaves
arqueológicos de la costa. Las ruinas mayas
adquieren aquí una especial belleza puesto
que el visitante puede visionarlas desde la
costa. El amanecer aporta los atributos
necesarios para que la imaginación del
turista reviva.
Casas
hechas con hojas de palmera y estuco, el
contraste
Y si todo parece corresponder a un turismo
industrial bien abastecido, hay que decir
que aún existen los parajes donde el hombre
no ha dejado caer sus comodidades. Los
pueblos de pescadores propios de zonas
olvidadas también ocupan su lugar en la
costa maya de México. El contraste que
ofrecen los pobladores indígenas frente a
las construcciones turísticas, es uno de
esos factores que hacen que el turista se
sienta impresionado por la autenticidad del
lugar. Gentes que continúan manteniendo sus
ritos más ancestrales y que viven
humildemente en casa hechas con hojas de
palmera y estuco.
Pero la longitud
de esta costa paradisíaca tiene la capacidad
de ofrecer un producto para distintos
gustos. No faltan por tanto, los lugares que
llaman a los trotamundos más aventureros o a
las sencillas gentes que sólo quieren
sumergirse en el silencio de la sal y la
luz. Es el caso de la pequeña isla Mujeres o
la playa del Carmen. A tan sólo 100 Km al
Sur, estos lugares ven incrementarse el
número de visitantes cada año como también
ven subir el precio de sus productos. Otra
de las concurridas playas es la isla Cozumel.
Se accede a la misma a través de un corto
trayecto en transbordador desde playa del
Carmen. Es ideal para practicar el
submarinismo debido a la belleza de sus
arrecifes coralinos.
Ciudades legendarias en el corazón de la
selva
Otro de los grandes espectáculos de la
ribera maya es observar la fauna que habita
aquellos lugares sabiendo que forman parte
de un contenido espectacular. Cocodrilos,
aves, tortugas o manatíes engalanan la
belleza salvaje de un territorio
paradójicamente virgen y explotado. El
escenario de los manglares propicia que el
visitante tome conciencia de la sincronía de
convivencia que desde tiempos inmemoriales
existe entre el hombre y el reino animal.
Las selvas que
se adentran en el misterio de la huella maya
es uno de los motivos por los que el turista
se siente en tierra privilegiada. La selva
tropical que se alarga hasta llegar a
regiones de Guatemala es uno de los
vestigios más importantes de la cultura
maya, conformando una de las grandes
metrópolis de la antigüedad donde se
encuentran las ciudades de Calakmul,
Kohunlich y Becán. Introducidas en la
jungla, los tres núcleos poblacionales
conservan el sabor de la leyenda del nuevo
mundo.
Volver la vista atrás
La cultura maya es una de las más
importantes de las que florecieron en el
México antiguo. Por esta razón, viajar a la
ribera maya requiere que el visitante se
empape de al riqueza de un pueblo crucial en
su aportación humana para la historia
universal.
Los mayas se
asentaron en la región hace unos 5.000 años.
Su esplendor data de entre el 300 y 900 d.C.
Más tarde entraron en decadencia y
desaparecieron. El éxito de esta
civilización es conocido su armonía en el
saber. Lo que propició que sus numerosos
avances hayan sido también un pilar
importante para la nuestra. El misterio de
su religión estaba unido de manera
incondicional a toda su forma vital por lo
que sus construcciones adquirían la misma
magia que sus ritos. Muchos son los
misterios que aún en nuestros días no se han
desvelado pero la realidad de una belleza
sobrehumana e indescifrable son prueba de su
valor como civilización puntera a pesar de
su antigüedad.
Tras la caída de
las primeras ciudades más emblemáticas, como
son Calakmul o Becán, se erigieron otras con
un estilo arquitectónico nuevo: Uxmal o
Chichén Itzá. A su vez, estos enclaves se
vinieron abajo hacia el 1200 y recobraron
importancia otras como Tulum y Cozumel. Esta
yuxtaposición de culturas dentro de una
misma civilización es hoy en día una
realidad. No es difícil ver una población
urbana que tiene un mayor desarrollo en
lugares como Cancún, Chetumal o Playa del
Carmen y donde conviven a modo de recuerdo,
mestizos, mayas, norteamericanos, europeos o
asiáticos. Un ejemplo de que el pasado da
vida al futuro.