Las huellas del
pasado están visibles por las calles de la
mayor ciudad árabe de Israel. Y es que
Nazaret ha aterrizado en el Tercer Milenio
como la fuente del Cristianismo, el lugar
del primer evento de esta religión donde,
según la Biblia, Jesús pasó la mayor parte
de su vida y desde donde comienza la
peregrinación a Tierra Santa.
Pero Nazaret
combina bien sus dos caras religiosas, ya
que un 60% de la población es musulmana.
Esta ciudad de 60.000 habitantes contiene de
su época cristiana 30 iglesias, conventos y
monasterios que dan testimonio de este
pasado. Y domina el paisaje arquitectónico
la Basílica de la Anunciación, la más grande
de todo Oriente Medio, donde alberga la
gruta que, según la tradición, era el hogar
de María y el lugar de la Anunciación, así
como los restos de las épocas bizantina y
cruzada. También esta monumental iglesia
contiene el Museo Franciscano, donde se
albergan los descubrimientos de las ricas
excavaciones de hallazgos de antaño.
Hay un
monumental abanico de iglesias que datan de
diversas épocas y copan las más variadas
religiones, así la Iglesia de San Gabriel,
greco-ortodoxa, del siglo XVII, construida
sobre el original pozo de María. O la
Iglesia Anglicana de Jesús, que mandó
construir Eduardo VII; la Iglesia Maronta o
la Iglesia Copta. Así como emplazamientos
donde hubo grandes estructuras
arquitectónicas, como las excavaciones
situadas dentro del mercado donde estaba la
antigua sinagoga y la iglesia católica
griega.
Del mundo
musulmán hay abundantes vestigios como las
mezquitas y minaretes que se combinan y
conviven en armonía con el resto de
estructuras y religiones. Así, El Abyad o la
Mezquita Blanca que fue durante mucho tiempo
la única mezquita de la ciudad y cuya
denominación pretende simbolizar pureza, luz
y paz. Un mensaje parejo al de la Mezquita
de la Paz, también llamada Mezquita El Salam,
un impresionante edificio moderno construido
en los años 60.
Fiestas y gastronomía
Además de los
edificios religiosos, Nazaret también
alberga multitud de casas de la época del
dominio turco, impresionantes y majestuosas
que son conocidas como las Mansiones de la
Ciudad Vieja. Así como numerosos jardines y
patios, además del denominado souk, el
mercado al aire libre, un activo centro de
comercio que aporta las más variadas
delicias para el visitante. El aroma del
café, el ajetreo propio de un mercado
popular, la hospitalidad oriental
característica y los numerosos objetos de
artesanía, todo ello con ese matiz religioso
que caracteriza a Nazaret y, por extensión,
a este mercado al aire libre.
Delicias
mundanas que se reflejan en majestuosos
restaurantes meso-orientales donde se sirve
suculenta carnes a la brasa, variadas
ensaladas y frescos vegetales. Y de fiestas,
destacar sobre todo, el evento crucial que
supone la Semana Santa y toda fiesta
religiosa, como el Festival de Música Sacra,
donde participan multitud de las iglesias,
con gran variedad de actuaciones musicales
que se celebran en época navideña; o el
Festival de Nazaret del folklore árabe, que
se celebra a finales de verano.
Y es que Nazaret
no tiene desperdicio, ya sea desde el punto
de vista religioso o simplemente por visitar
una hermosa ciudad, bañada por ese tinte que
combina lo musulmán y lo cristiano, por esa
mezcolanza agradable y pacífica de
religiones y culturas que no serán
desperdicio para ningún visitante.