Las costas del
Mar Rojo se extienden desde el Golfo de Suez
hasta la frontera sudanesa. Egipto,
Jordania, Israel, Arabia Saudita, Sudan,
Etiopia, Yemen y Jibouti se asoman a sus
aguas y el Monte de Sinaí, con 2.285 m de
altura, aporta un toque espiritual que atrae
a buena parte del turismo que hasta aquí se
desplaza. El clima del que se disfruta en
estas tierras es tropical y la temperatura
de sus playas se mantiene entre 35 y 41
grados.
La temperatura
de sus aguas es de 18 a 21 grados en el
invierno y de 21 a 26,5 grados en el verano.
En sus profundidades, valiosísimos arrecifes
de corales -más de 400 especies- encierran
todo un mundo marino repleto de exotismo que
hacen las delicias de los aficionados al
buceo. Peces de más de mil especies con
colores y formas excéntricas como el "pez
cirujano", el "pez papagayo", el "pez
mariposa" y el "pez león". Además, éste es
uno de los paraísos para los ornitólogos,
pues aquí se dan cita miles de aves
migratorias empujadas por los vientos
cálidos del este.
Se trata de un
litoral rocoso y lleno de montañas, donde
las aguas conservan una sorprendente pureza
debido a que no hay afluentes fluviales que
vayan a parar a ellas y a que las lluvias
son además muy poco frecuentes. De ahí que
se conviertan en una especie de espectacular
pecera gigante, donde se pueden contemplar
los arrecifes de coral, las algas, los
delfines, tortugas y tiburones. Hay que
destacar la presencia de treinta especies
distintas de tiburones (blancos, negros,
grises, martillos, tigre...).
Los arrecifes
más conocidos y visitados son el de Tiran
(en el golfo de Aqaba, con restos de
naufragios), el de Ras Muhammad (con una
fosa marina de ochocientos metros de
profundidad), el de Rocky Island (con
corales, atunes, mantas y tiburones) y el de
Sha'ab Rumi (en la parte del mar Rojo que
pertenece a Sudán, con grandes tiburones
martillo). El lecho marino es, además, un
cementerio de barcos naufragados que el
turismo de la zona exige poder visitar.
Según afirman
los científicos, debido a los movimientos de
la corteza terrestre este mar no deja de
crecer: África continúa alejándose de Arabia
y, afirman que llegará un día, dentro de
millones de años, en que el mar Rojo
alcanzará el tamaño del Atlántico.
Desde
Suez hasta Ain Sukhna
A lo largo de
las blancas costas del Mar Rojo diversas
ciudades atraen la atención del visitante
que, en una ruta bordeando sus aguas,
descubre poco a poco la naturaleza, las
costumbres y el modo de vida de esta lejana
región.
Suez, importante
puerto comercial desde hace más de siete
siglos, es una de las más visitadas y la
primera en el recorrido. El comercio de
especias y el peregrinaje a la Meca le
produjeron, en el siglo XV, una gran
prosperidad económica. La apertura del Canal
de Suez ha convertido a esta ciudad en punto
neurálgico de la zona, con uno de los
puertos más grandes de todo Egipto.
Muy próxima a
Suez, la ciudad de Ain Sukhna ("manantial
caliente") se asienta cerca de varios
manantiales de aguas sulfurosas. Hurghada es
la siguiente parada en nuestra ruta por este
lado de las costas del Mar Rojo. Es la
estación balnearia por excelencia de la zona
y punto de encuentro indiscutible para los
amantes de los deportes acuáticos. Además,
sus jardines marítimos, como el de Carlees
Reef, son preciosos.
La
tranquilidad de Al-Quseir
Otra de las
ciudades que hay que ver si se visita esta
zona es Al-Quseir, donde está uno de los
puertos más antiguos del Mar Rojo. Es un
lugar tranquilo, con aguas claras, arrecifes
de corales y arena muy blanca... perfecto
para los deportes acuáticos. Hay un antiguo
recorrido de caravanas en el que aún se
encuentran algunos vestigios faraónicos.
Desde Al-Quseir se realizan excursiones al
desierto del Sinaí, paseos en dromedario,
hasta la montaña y el monasterio de Santa
Catalina. Además de su impresionante
paisaje, el desierto del Sinaí fue la cuna
del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.
Berenice y los monasterios más antiguos de
Egipto
Berenice es otra
de las ciudades de las costas del Mar Rojo
con un importante puerto comercial. Aquí se
encuentran las ruinas del templo de
Semiramis y varios restos de minas de
esmeraldas que funcionaron desde los tiempos
faraónicos hasta la era romana. Son
llamativos los manglares y la isla de
Zabargad, antigua fuente de explotación de
piedras semipreciosas. Los lagos que rodean
Berenice ofrecen al turista un riquísima
vida submarina y la posibilidad de ver de
cerca manadas de delfines.
Dejando atrás
Berenice, nos encontramos con el monasterio
de San Antonio y el de San Pablo, los más
antiguos de Egipto. En ellos hay todavía
rituales que se conservan desde hace más de
dieciséis siglos. Las construcciones han
dado paso a pequeñas aldeas con jardines,
molino, panadería e iglesia. La cueva de San
Antonio, donde vivió el santo como un
ermitaño, está a tan sólo dos kilómetros del
monasterio.