
Colonizadas en
un principio por los Griegos, las islas
Jónicas formaron parte posteriormente del
Imperio romano y del bizantino. Más tarde
fueron dominadas parcial o íntegramente por
diversas naciones extranjeras. Estuvieron
bajo la autoridad de la república de Venecia
desde 1386 hasta ser tomadas por los
franceses en 1797. En 1799 las islas se
repartieron entre Rusia y Turquía. De 1800 a
1807, el grupo de islas formó un Estado
independiente. En 1807 las islas fueron
devueltas a los franceses que las gobernaron
hasta 1814, año en que se convirtieron en un
protectorado británico. El control británico
duró hasta 1864, fecha de la reincorporación
de las islas a Grecia.
Cefalonia
Es la isla más
grande de todas las islas Jónicas. Es una
isla montañosa, su pico más alto es el monte
Ainos de 1.620 m. Su aspecto es bastante
irregular. Las ciudades más importantes son
Argostoli, capital del departamento y
Lixoúrion. En esta isla sus habitantes se
dedican prácticamente por entero a la
artesanía y al cultivo de olivas, uva y
tabaco. Formando un cinturón pegado a la
península de Grecia todo este conjunto de
islas constituyen una belleza sin igual y
forman un cinturón delante del país griego
de manera que en muchas ocasiones las islas
han protegido a Atenas de ataques externos y
en otras tantas las mismas islas han atacado
y hecho frente a la capital. Hoy muchos de
esos grandes pueblos que casi lograron
doblegar a Atenas, como Esparta, se han
convertido en pueblecillos de pocos
habitantes olvidados en muchas ocasiones
para la mayoría de personas.
Corfú
Otra de las
Islas Jónicas situadas más al sur que
Cefalonia es Corfú. Situada al noroeste de
Grecia, constituye la más septentrional de
las islas Jónicas, tiene una superficie de
593 Km2 y un estrecho canal la separa del
continente. Con las pequeñas islas de Paxoí
y Antipaxos, forma el nomo (departamento) de
Kérkira, cuya capital y población más grande
es Kérkira, ciudad portuaria situada en la
costa y que constituye para el viajero el
más importante centro comercial y turístico
de la isla. La parte septentrional de la
isla es montañosa, disminuyendo el relieve
hasta llegar a la parte meridional que es
baja y bastante nivelada. La isla tiene un
buen suministro de agua y los suelos son
fértiles. Los principales productos son,
como en el resto de islas, aceite de oliva,
cítricos, higos y tejidos.
Corfú además
reluce por sus bellas, azules y limpias
aguas y constituye para los pescadores un
paraíso natural. Es posible alquilar una
barca y bordear toda la costa, el viajero
podrá observar las numerosas y pequeñas
islas no habitadas, pero con una riquísima
fauna. Por último, recordaros que una de las
visitas recomendadas en Corfú es la del
santuario de Blachernes.
Ítaca
Ítaca es la más
legendaria de las islas Jónicas, es la
patria de Ulises, el gran héroe al que se
refiere Homero en su obra la Odisea. Situada
al oeste de Grecia, su extensión es de 96
Km2, y pese a ser una isla pequeña tiene un
puerto importante. Pero los encantos de
Ítaca se encuentran en el interior, con
importantes y ricos yacimientos
arqueológicos. En 1953, un terremoto causó
grandes daños pero hoy se encuentra
totalmente restaurada.
Belleza en el pasado y en el presente
El viajero que decida realizar una escapada
a las islas Jónicas debe saber que el clima
que estas poseen es prácticamente igual al
del Mediterráneo español, aunque en verano
soplan vientos cálidos que llegan a ser
sofocantes en algunas ocasiones. De este
modo los mejores meses para realizar un
viaje son abril, mayo o junio.
Si el viajero se
acerca a las islas Jónicas buscando un
atractivo ruidoso y agitado no lo va a
encontrar ya que éstas son un lugar perfecto
donde relajarse disfrutando y reflexionando
como los grandes filósofos de la época
clásica. Cuna de la civilización
mediterránea y parte de la europea, la
cultura que en las islas Jónicas y sus
alrededores se fraguó es parte activa de un
esplendor que el visitante podrá palpar en
cada roca de las que forman sus montañas. La
influencia del mar Jónico y de todas las
islas que la rodean fue de tal magnitud que
incluso se puso su nombre a uno de los
estilos del arte clásico, el estilo jónico,
del que todas estas islas están plagados.
Las islas
Jónicas constituyen un turismo de sol, arena
y playa, pero también un turismo cultural.
En las playas de todas estas islas se puede
practicar cualquier deporte acuático como:
submarinismo, en el que se pueden ver
maravillas debajo de las azules playas
peces, corales y plantas acuáticas. Tomar
una moto acuática e ir a las numerosas islas
que pueblan el entorno del Jónico y una vez
allí tomar todos los atavíos de buceo para
disfrutar debajo de esas espectaculares
islas montañosas de bancos de peces, ramajes
coloridos, estrellas, caballitos y diminutos
animales del mar. Después se puede
tranquilamente practicar la pesca y una vez
llegado a tierra firme saborear y cocinar
ese pescado. Pero además de todas estas
aventuras marinas es imprescindible que
visitemos todos los monumentos y centros
culturales que la rica cultura jónica nos
muestra, y que en definitiva es también la
de nuestros antepasados ya que se extendió,
hace ya muchos siglos, por Europa y el
Mediterráneo.