Su nombre
evoca playas paradisíacas, islas de
coral y complejos de lujo, y el
visitante no se siente defraudado en sus
expectativas, pues Fiji es eso y mucho
más.
Las islas mayores, de origen volcánico,
tienen un interior montañoso de
frondosos bosques selváticos de
impactantes paisajes y pintorescos
poblados.
Los lagos volcánicos de aguas
transparentes compiten en belleza con
las aguas turquesas de las barreras de
arrecife y en posibilidades de
exploración y práctica de deportes.
Pero Fiji también es cultura, o mejor,
mezcla de culturas: polinesios, hindúes
y europeos dieron al lugar una peculiar
arquitectura, lenguaje, cocina, religión
y, sobre todo, un carácter hospitalario
que hace al forastero sentirse en casa.
Para un viaje romántico, nada como Fiji.
