Las
propiedades naturales de los vegetales
tienen un alcance fundamental para el
tratamiento de las distonías neuro-vegetativas,
los desequilibrios psicofísicos, pues
actúan directamente en el plano
emocional y fisiológico del ser humano.
Su facilidad de absorción en la piel
permite que los componentes activos
penetren directamente en el organismo,
equilibrando y armonizando todo el
sistema a través de los meridianos
energéticos, la circulación sanguínea y
linfática, las células, los tejidos, los
órganos, los aparatos y los sistemas.
Actualmente la aromaterapia, como método de
tratamiento y prevención, nos proporciona
una versión contemporánea del antiguo arte
de curar, ya que se basa en la premisa de
que el mejor modo de prevenir la enfermedad
es fortalecer los mecanismos de autodefensa
del organismo.
La clave de los aceites esenciales,
utilizados en aromas, está en la capacidad
alquímica de las plantas para unificar en sí
mismas las propiedades elementales de la
vida. Materia y Espíritu, Cielo y Tierra,
confluyen en procesos como la fotosíntesis
donde se fusionan la luz y la materia, dando
como resultado un producto final que
concentra todas las virtudes de la planta y
expresa su poder en el aceite esencial
aromático.
Al oler el aceite esencial, nuestro sistema
olfativo reproduce esa síntesis y el
resultado es una inmediata sensación de
armonía, vitalidad, relajación, y un
sentimiento de paz en nosotros y el
universo, según sea el mensaje de la planta
que se ha usado. A través del aroma entramos
en contacto con el alma de las plantas y
sintonizamos sus virtudes, posibilitando a
la vez que ellas cumplan sus servicios en la
rueda de evolución.
No es casual que cada uno de nosotros tenga
su perfume favorito mientras que otros nos
son indiferentes o incluso aún nos
desagradan, porque cada aceite esencial
posee un marcado carácter propio.
Masculino-femenino, frío-calor,
dulce-amargo, ácido-alcalino, son algunos de
los opuestos complementarios que cada uno de
ellos sintetiza en una combinación única.
Al difundir nuestra preferencia aromática
estamos completando o reforzando
intuitivamente los aspectos debilitados de
nuestro ser. En aromaterapia, los aceites
esenciales nos aportan sus atributos y
cualidades tanto en el plano físico como en
el mental y espiritual. Nos completan y
equilibran anímicamente, produciendo un
estado general de bienestar, armonía y
contento.
Hagamos
un poco de historia
El uso de los aromas y los aceites vegetales
data de por lo menos 3500 años antes de
Cristo y fueron utilizados sobre el cuerpo
como elementos curativos, cicatrizantes,
protectores de malos espíritus, y en los
distintos rituales que se llevaban a cabo.
Por ejemplo, era muy común que antes de una
contienda los guerreros limpiaran y
protegieran sus cuerpos con pequeños golpes,
utilizando ramas de albahaca, con el fin de
alejar los malos espíritus que creían que
depositaban sus contrincantes en ellos.
Recientemente en Irak, en el año 1975, se
descubrió un esqueleto de alrededor de
sesenta mil años de antigüedad que tenía a
su lado depósitos de polen de milenrama,
hierba cana y jacinto racimoso, plantas que
aún cultivan y utilizan para curar los
campesinos de ese país.
Los egipcios, griegos, romanos y chinos han
tenido una gran incidencia en el desarrollo
de la aromaterapia en el mundo, y se han
destacado grandes investigadores como
Teofrasto, considerado uno de los
precursores en el uso terapéutico de los
aceites. En casi todos los antiguos cultos,
desde el comienzo de los tiempos los seres
humanos se han sentido atraídos por los
fascinantes aromas de la naturaleza que,
sabia como siempre, les ha indicado a través
del olfato los benéficos aportes para la
curación de enfermedades del cuerpo y del
alma.
El hombre primitivo tuvo que desarrollar sus
poderes sensorio-intuitivos para lograr la
supervivencia. Es así como aparecen las
hierbas, frutos y raíces comestibles, a los
que muy pronto les descubren poderes
medicinales y mágicos. También advirtieron
que algunos aromas causaban euforia o
excitación, y otros podían inducirlos al
sueño o a la meditación.
Podemos considerar a los egipcios como los
descubridores de la aromaterapia, pues según
Jean Valnet, utilizaron una forma primitiva
de destilación para extraer los aceites
esenciales de las plantas, calentándolos en
ollas de arcilla cuya boca era recubierta
con filtros de lino; al subir, el vapor
traía consigo los aceites esenciales y éstos
quedaban impregnados en el filtro, el cual
era estrujado para obtener el aceite
esencial que era utilizado en medicina y
para todo tipo de rito religioso. Registros
arqueológicos documentan haber encontrado
ollas de destilación que se remontan a 3500
años a. C.
Los griegos toman las experiencias egipcias
y, como grandes alquimistas, purificaron el
sistema de destilación preservando la
fragancia y pureza de los aceites, pues para
ellos las plantas aromáticas constituían una
forma de vida que incorporaban a sus baños,
alimentos, ritos y magia, o en forma de
ungüentos para preservar la salud física y
mental. Ya Hipócrates afirmaba que el baño y
masajes con aceites esenciales, aseguraban
la longevidad.
Los árabes, en el siglo XI, perfeccionaron
el arte de la destilación para aislar los
principios activos de los aceites de las
plantas, método que se atribuye al famoso
Avicena (médico, astrónomo, matemático y
filósofo árabe), quien introdujo el sistema
de refrigeración en el proceso de
destilación. Esto hizo que el proceso de
extracción de aceites esenciales tuviera
menos desperdicios y mayor pureza.
La aromaterapia hace su inicio en el mundo
moderno cuando, en el siglo XX, René Maurice
Gatefosse (químico francés), llamado "el
padre de la aromaterapia moderna", la
incorpora a la medicina natural. Todo
sucedió cuando, trabajando en su
laboratorio, tuvo grandes quemaduras en una
mano y la sumergió en un recipiente de
aceite esencial de lavanda comprobando así
los efectos curativos, que no sólo le
calmaron el dolor sino que evitaron la
infección y no dejaron rastro alguno del
incidente.
También en la aromaterapia moderna, en Milán
(Italia), el Dr. Paolo Rovesti aliviaba la
depresión y estados de ansiedad haciendo
oler a sus pacientes trocitos de algodón
embebidos en aceite esencial, estimulando su
sistema límbico y liberando así situaciones
traumáticas.
El médico y cirujano Jean Valnet aportó la
mayor contribución a la aromaterapia para
ser valorada y reconocida como medicina
capaz de curar. Utilizaba aceites esenciales
para las heridas y quemaduras de los
soldados en la Segunda Guerra Mundial,
logrando con ello aliviar tanto problemas
físicos como mentales en pocos días,
corroborando así la rapidez con que actúan
los aceites en el organismo.
En cuanto a la aromaterapia holística, es
pionera la bioquímica francesa Margueritte
Maury (austríaca de nacimiento), a quien no
convencía suministrar los aceites por vía
oral; y basándose en las distintas formas de
incorporarlos al organismo, desarrolló una
técnica de masaje aplicando aceite en los
centros nerviosos de la columna vertebral y
en el rostro. Ella introdujo la proporción
de la fórmula específica de los aceites en
cada cliente que visitaba su gabinete para
embellecerse y rejuvenecer; pudo comprobar
así que en muchos de ellos habían
desaparecido dolores crónicos de cabeza,
dolores reumáticos y estados de insomnio, y
que los efectos eran prolongados.
En 1962 y 1967, Margueritte Maury fue
premiada internacionalmente por sus
investigaciones sobre los aceites esenciales
y la cosmetología al servicio de la salud.