Un día observó
que la corteza de quina, usada contra el
paludismo desde siglos, hacía sudar a las
personas sanas, tal y como la enfermedad
hacía sudar a los palúdicos. Así dedujo que
los síntomas de una enfermedad son los
medios que el propio organismo crea para
combatirla, y que una sustancia que produzca
efectos similares a nuestro mal nos hará
sanar.
Sus ideas no eran nuevas. Ya en el siglo V
AC el griego Hipócrates, considerado por
todos el padre de la medicina, había dictado
la 'ley de los semejantes y la de los
contrarios', según la cual algunas
enfermedades se curan con medicamentos que
producen efectos iguales a sus síntomas y
otras con remedios que contrarrestan.
Hahnemann experimentó toda su vida, en su
propia persona y con sus discípulos, hasta
hallar todo un listado de remedios para
enfermedades, junto con dosis y métodos de
administración.