En el inicio de
la Creación, al hombre se le dieron todos
los elementos que le serían útiles para su
estancia en la Tierra. La naturaleza era su
principal fuente de abastecimiento, en ella
estaba toda la abundancia para que el hombre
pudiera alimentarse, recrearse y curarse.
La
medicina fue dada de manera natural por
medio de las flores y plantas, tanto los
colores como sus aromas, tenían la vibración
exacta para penetrar a los rincones mentales
y de esta manera canalizar la energía que
pudiera estar obstruida.
El
hombre fue evolucionando y poco a poco se
fue olvidando no solo de la naturaleza, sino
también de su capacidad de penetrar a mundos
sutiles, multidimensionales y espirituales.
Al ampliar sus
técnicas y conocimiento, se empieza a
sustituir la medicina natural por la
medicina científica tradicional de hoy en
día, y aunque nadie puede negar los alcances
que ésta ha tenido, su procedimiento va en
contra de nosotros mismos, la medicina
tradicional basa su curación en métodos
agresivos, intervenciones quirúrgicas,
curaciones dolorosas que nos son la
solución, porque aún con esto, hay
enfermedades que no se logran vencer como el
cáncer o el sida.
El hombre no es
un ser separado ni una máquina la cuál hay
que reparar quitando o cambiando partes. El
hombre es un ser con vida, que no requiere
reparación, lo que requiere es armonía y
equilibrio para que todos y cada uno de sus
órganos funcionen correctamente. Regresar a
lo natural, a nuestra esencia, nos hará
recobrar la paz, armonía, la estabilidad
física y emocional que tanto buscamos.
Las vibraciones
de los aromas tienen la capacidad de rodear
un hemisferio cerebral, el cual es la parte
de nuestra mente que racionaliza, analiza y
censura nuestras respuestas al mundo. Al
igual que la música y el color, los aromas
tienen un efecto inmediato sobre nuestra
alma, y nosotros respondemos a ellos con
nuestras emociones y el corazón.
El ser humano
está compuesto por 7 cuerpos de energía, la
luz y los aromas hacen que estos 7 puntos se
comuniquen unos con otros, conectando
también nuestra parte física con la
espiritual y cósmica.
Los aromas y los
colores se comunican e interpretan a su vez
por medio de nuestra aura, la cual esta
compuesta también por colores y aromas. Hay
que recordar que es muy mencionado que los
máximos guías espirituales o santos, se les
veía con cierto color y por donde pasaban,
dejaban una estela de aroma que despedía de
manera natural. Nuestra aura representa
nuestro nivel de evolución a nivel
espiritual. A Jesucristo se le había
asociado con la luz dorada, a Saint Germain
con el rayo violeta, el color del servicio
virtuoso, a San Francisco con el color
verde, mostrando su afinidad con el mundo
natural.
Nosotros también
tenemos nuestros propios colores y aromas,
los cuales saturan nuestra aura y reflejan
la energía en nuestros cuerpos físicos,
mentales y emocionales. Estas energías se
esparcen hacia fuera, a nuestro alrededor e
interactúan con otras vibraciones en el
ambiente.
Estas
vibraciones quedan impresas en nuestra casa
y en los muebles por mucho tiempo, nosotros
podemos reconocer el tipo de energía que hay
en algún lugar por medio del color o el
aroma que es tan fácilmente interpretable
como definir si el sitio huele bien o mal,
esa será la calidad de energía que habita en
el lugar.
Los aromas
quedan grabados en nuestra memoria
traspasando el espacio y el tiempo, pasando
de una vida a otra. Por medio de ellos
podemos identificar momentos, personas o
circunstancias, recuerdos que aparentemente
han quedado olvidados, pueden activarse de
esta manera.