1. Cuando
ya estemos relajados vamos a visualizarnos
frente a una vía de tren. Durante un rato
observaremos el paisaje que vemos, la vía,
nosotros, ... Mantén la imagen durante unos
instantes.
2. Después cuando la imagen sea
totalmente clara y nítida comienzas a
escuchar el sonido de un tren que viene por
la izquierda. Escucha como se acerca poco a
poco.
3. Pasados unos instantes por fin ves
el tren que oías, que se para ante ti. Te
quedas observándolo durante un ratito, miras
lo largo que es, su color, etc.
4. Ahora visualizas que tus
pensamientos se convierten en hojas de
papel. Por ejemplo, en una hoja puede estar
el problema del trabajo, la factura que hay
que pagar, la discusión, los recordatorios,
... Es de vital importancia que te tomes el
tiempo que quieras para visualizar con total
exactitud esos pensamientos que ahora ocupan
tu mente.
5. A medida que los vayas
transformando en hojas, los vas a ir
introduciendo en cada uno de los vagones del
tren. Tómate el tiempo que quieras.
6. Cuando por fin hayas metido todos
tus pensamientos en el tren, observa cómo
poco a poco se pone en marcha y se los
lleva...
7. Ahora estás de nuevo ante la vía
solitaria, pero sin ningún pensamiento que
obstaculice tu meditación.
Este es un
ejercicio también aprovechable cuando
nuestra cabeza le está dando demasiadas
vueltas a algún asunto y no nos deja
descansar.