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Mandala es una
palabra de origen sánscrito, el idioma
clásico de la India, significa círculo.
Aunque la palabra proviene de una cultura
lejana el objeto que se refiere está
presente en todas las religiones y culturas
como círculo, rueda, corona, rotación,
ornamentos, danzas. El círculo está definido
como la relación de una línea de puntos
respecto de un punto llamado centro , con el
que mantiene cada punto idéntica distancia.
Nosotros también poseemos un centro
interior, donde encontrar el equilibrio. El
sentirnos descentrados, fuera de foco crea
inseguridad, disgusto, enojo inmanejables,
se dice “está fuera de sí”. En el mandala el
centro permanece generalmente vacío, un
lugar donde encontrar espacio, paz,
tranquilidad a través de la meditación en
ese espacio.
El centro puede ser el final y nuevo
comienzo de un laberinto.
Una característica importante es el borde
externo, semejando un muro que encierra
desconocidas riquezas y experiencias
tantas como formas y colores conforman el
mandala.
Uno de los mandalas mas antiguos es La rueda
de la vida, símbolo central del hinduismo
que representa el curso del cosmos, donde un
mundo finaliza y surge nuevamente
testimoniando la continuidad del devenir
cósmico.
Los mandalas contienen diagramas, muchos
creados específicamente para la meditación.
Si lo comparamos con nuestra vida...
...El centro es el inicio y el fin, mientras
la vida transcurre nos vamos acercando
recorriendo laberínticos caminos hacia el
borde, el límite, la zona de mayor tensión,
cuando llegamos a él ya poseemos un bagaje
de conocimiento acerca de nosotros mismos .
pero es en el viaje de regreso al centro, al
vacío donde paradójicamente está todo la
sabiduría y donde completamos nuestro viaje
hacia la propia interioridad.
El mandala representa el macrocosmos y el
microcosmos, lo personal y lo transpersonal.
Los dibujos interiores pueden estar
coloreados con colores elegidos por su
efecto sobre la psique al meditar en ellos.
Si elegimos crear nuestro propio mandala,
las formas, recorridos y colores que
elijamos pueden transmitirnos una idea
acerca de cómo estamos o nos sentimos.
Los diagramas pueden ser muy detallados como
los vitreaux de una catedral neogótica o los
rosetones de una mezquita o muy sencillos
como la representación de una flor con su
centro y corola.
En el piso de antiguas catedrales pueden
verse mandalas con laberintos y otros
formados por figuras gigantes. Tambien los
planos de su construcción mantienen este
estilo
Una práctica meditativa de los monjes
tibetanos es armar en el piso un mandala
hecho con arena coloreada, este trabajo
lleva varios días, al finalizarlo, el
mandala se destruye significando que lo
importante es el camino, no el fin.
Por sus formas variadas, sus colores, la
expresión de sus figuras la repetición de
motivos, la pureza de las formas. Su misterio.
El laberinto en especial moviliza a recorrerlo,
cuando ponemos en el nuestra atención
meditativa, despierta en la mente procesos
acerca de la propia búsqueda. La vida también es
un laberinto que vamos descubriendo mientras la
caminamos. Podemos imaginar desde el centro al
borde y de regreso nuestra propia vida y todas
sus posibilidades y dimensiones desconocidas.
Reflexionar al detenernos en algun sitio del
mandala sobre nuestro presente. Nos atraen
tambien por que sí, por que son hermosos,
atractivos, bellos, nos entretiene mirarlos como
la apreciación de una obra de arte, sin
especulaciones. Al mirarlos podemos revivir la
experiencia del niño al descubrir la alegría del
juego.
¿Cómo meditar en un mandala?
Mediante la observación tranquila de la
imagen, concentrando la atención en su forma y
color.
Dejando que la figura nos atrape y nos sumerja
en su belleza ,mansamente.
Si tuviéramos la oportunidad de sentarnos en un
templo y observar las grandes aberturas de luz,
el juego de los rayos del sol en los vitreaux de
las rosetas , y acaparar con tranquilidad toda
su luminosidad, podríamos sentir una paz cercana
al misticismo.
Igualmente en el jardín de nuestra casa o en la
sencillez de las flores campesinas o en las de
nuestro balcón.
Una margarita de dorado centro y blanquísimos
pétalos puede maravillarnos tanto como los
mandalas mas complicados y antiguos.
Cuando al mirarlas ponemos en esa acción toda
nuestra concentración, sin prisas, entregados al
sencillo acto de meditar.
Podemos crear nuestro propio mandala, darle
formas y colores y transformar la actividad en
un acto de meditación. |