La relajación
puede considerarse como un "alto en el
camino", que debe realizarse tantas veces
cuanto sea posible, pero de forma especial
en situaciones donde seamos conscientes de
que la tensión que hemos acumulado supera
los propios niveles aceptados y nos hace
perder el control sobre una determinada
situación. Se dice, a modo de comparación,
que "unos minutos de cólera, por ejemplo,
pueden suponer más gasto energético y
psicológico que un día entero de trabajo
físico".
Son muchas las técnicas y formas de
conseguir relajarse. Unas físicas, mediante
ejercicios, otras de concentración; otras de
abstracción -personales o dirigidas- y así
un largo etcétera. Todas ellas tienen en
común la necesidad de un control voluntario
o involuntario sobre la respiración.
La falta de relajación repercute en el
organismo, provocando alteraciones
morfofisiológicas, somáticas y psíquicas.
En cuanto a la técnica, es preciso indicar
que la ausencia de tensión se manifiesta a
tres niveles: fisiológico, conductual y
subjetivo:
A nivel
fisiológico, presenta cambios viscerales,
somáticos y corticales.
A
nivel de conducta, se manifiesta a través de
actividad, inactividad, huída, lucha y
expresiones del rostro.
A
nivel subjetivo, afecta a las experiencias
internas del propio estado emocional:
malestar, tensión o calma.
Es preciso abandonar la timidez, el miedo al
fracaso, las contracciones y los
"agarrotamientos",
siendo conscientes de su presencia para
alejarlos como fantasmas y permitir que la
energía circule libremente a través de
nuestro cuerpo. Las acumulaciones de esta
tensión, mal llamada estrés, pues por estrés
debe de entenderse como la falta de reacción
del organismo a los estímulos externos y no
a la propia sobrecarga tensional, nos lleva
a un sinfín de alteraciones. Entre otras
encontramos:
A
nivel Fisiologico:
Aumento de
adrenalina, y por tanto de la frecuencia
cardiaca y respiratoria, aumento de la
presión sanguínea, aumento del colesterol y
de los triglicéridos, aumento del nivel de
glucosa e incremento de la tensión muscular.
A
nivel Emocional:
Estados de
angustia, agresividad, cansancio, depresión,
frustración, ira...
A
nivel Cognitivo:
Trastornos de la
concentración y de la memoria, bloqueo
intelectual.
A
nivel Conductal:
Trastornos
alimenticios, alcoholismo, tabaquismo,
inquietud en piernas, en cara, temblor,
sudoración excesiva de manos y pies. Estas
simples situaciones menores, justifican la
necesidad de practicar la relajación
diariamente, de manera sistemática, durante
unos minutos, cuyos beneficios se dejarán
sentir a nivel general.