Para
empezar, daremos algunos consejos simples y
muy útiles que se refieren estrictamente a
como tenemos que armar la rutina de
ejercitación.
- La periodicidad: El propio cuerpo
seguramente nos va a marcar cual es la
periodicidad más correcta para nosotros, que
más se adecua al estado físico en que nos
encontramos en ese momento en particular y
en nuestra vida en general. Igualmente, como
regla general podemos decir que un trabajo
abdominal debe llevarse a cabo al menos dos
veces por semana.
- El tiempo: Para que no nos
preocupemos demasiado, pensando en como
vamos a tener que adaptar todo nuestro día,
podemos tener la tranquilidad de que la
rutina no debería llevarnos más de unos
quince minutos, desde que comienza hasta el
final, así que seguramente no tendremos
muchísimos problemas para encontrarnos el
hueco necesario.
- Cambios en la rutina: Como sabemos,
las rutinas de ejercitación deben ser
cambiadas cada una cierta cantidad de
tiempo, ya que los músculos de cualquier
parte del cuerpo se acostumbran con la
repetición a los ejercicios, con lo cual
estos dejan de ser realmente efectivos para
cumplir con su función. En el caso que nos
interesa, los cambios en la rutina deberían
hacerse aproximadamente cada ocho semanas.
El acostumbramiento es gradual.
- Los ejercicios: La cantidad de
ejercicios que deberemos llevar a cabo es
inicialmente tres, y son los que vamos a
describir un poco más adelante, en este
mismo artículo. Luego, con los cambios en la
rutina, siempre esta la posibilidad de
agregar nuevos ejercicios o modificar de
alguna manera los viejos, no solo para
evitar el acostumbramiento, sino también
para que no se vuelva tan tedioso.
- Las series: La cantidad de series
también dependerá de cómo vaya reaccionando
nuestro cuerpo y como nos sintamos (además,
por supuesto, de la cantidad de repeticiones
que decidamos hacer). La cantidad ideal para
trabajar (y la que vamos a encontrarnos
habitualmente) es tres o cuatro, por cada
uno de los ejercicios, por supuesto.
- Las repeticiones: También como en
el caso de las series, en número de
repeticiones puede ser variable, dependiendo
de lo que decíamos anteriormente. En
realidad, estas son dos variables
dependientes entre sí.
Si hacemos más series, probablemente haremos
menos repeticiones y viceversa. Pero podemos
decir que para un principiante el número de
repeticiones debería ser de alrededor de
diez. Progresivamente deberá tratar de
agregarse más repeticiones, hasta llegar a
unas treinta.
Rutina de ejercicios para abdominales
Finalmente, como último punto de este
artículo, vamos a ver los tres ejercicios
que deberían formar parte de nuestra rutina
de trabajo de abdominales, al menos en un
comienzo.
- Ejercicio número 1: Este es un muy
simple ejercicio que resulta perfecto para
comenzar la rutina, permitiéndonos
fortalecer los músculos abdominales
superiores.
Para llevarlos a cabo, simplemente tenemos
que acostarnos sobre el suelo, mirando al
techo. Vamos a necesitar disponer de un
banco bajo, de la altura de los que
normalmente se utilizan en los gimnasios
para levantar pesas o apoyarse durante los
ejercicios.
Sobre este banco vamos a colocar los pies.
Las piernas deben estar dobladas en un
ángulo de aproximadamente noventa grados.
Luego tenemos que colocar las manos a ambos
lados del cuerpo, apoyadas en el costado de
nuestro cuerpo o bien apoyadas sobre el
suelo, con las palmas hacia abajo y
apuntando en dirección a nuestros pies.
Una vez que nos hemos acomodado de esta
manera, procedemos a levantar nuestra cabeza
y nuestros hombros, llevándolos hacia
nuestras piernas, como si nos estuviésemos
levantando, pero sin despegarnos en realidad
del suelo.
A la vez que estamos haciendo esto, también
levantamos la región pélvica. Sabremos que
lo estamos haciendo bien sí sentimos que
tanto los músculos abdominales superiores
como los inferiores se contraen al mismo
tiempo. Como dijimos, esto trabaja
especialmente los abdominales superiores,
aunque también trabaja en menor medida los
inferiores.
Algunos consejos sencillos para que le
saquemos todo el beneficio a estos
ejercicios y evitemos algunos problemas que
podríamos tener.
Primero, lo ideal es que en el punto máximo
del movimiento flexionemos los abdominales
tanto como nos sea posible, contrayéndolos
de la mayor forma posible, para lograr que
el trabajo muscular sea tan fuerte como nos
resulte posible, para lograr los mayores
beneficios.
Las manos, como ya dijimos, van al costado
del cuerpo y no se mueven de ahí. De ninguna
manera las utilizamos para sostener la
cabeza o, todavía peor, para empujarla hacia
arriba. No debemos hacerlo ya que, por un
lado, trabajamos menos los músculos; y por
otro, podríamos lesionarnos el cuello.
Finalmente, tenemos que exhalar en el
momento en que contraemos los músculos, para
que realmente se contraigan totalmente.
Además, el movimiento tiene que ser lento y
cuidadoso, para que siempre se mantenga la
forma correcta de realizarlo, sin forzarlo
en ningún momento. Siempre despacio y
manteniendo los movimientos en sus extremos.
- Ejercicio número 2: Vamos ahora a
ver un segundo ejercicio con el que podemos
continuar nuestra rutina.
Empecemos viendo la posición necesaria para
llevarlo a cabo. Debemos sentarnos de
costado en el banco de ejercicios (o un
banco parecido a uno de ejercicios, como el
que utilizamos anteriormente para el
ejercicio número uno) y con nuestras manos
tomamos los bordes del banco, para poder
sujetarnos de ellos, darnos soporte durante
la ejercitación propiamente dicha.
Nuestras rodillas tienen que estar dobladas,
en la forma que es más habitual cuando
estamos sentados, durante la preparación
para el ejercicio, para poder lograr una
posición equilibrada durante el trabajo.
Para esto, elevamos nuestras piernas,
siempre las rodillas dobladas y una vez que
hemos llegado a la altura deseada,
enderezamos las rodillas, estirando
plenamente las piernas frente a nosotros.
Tenemos que lograr tener un buen equilibrio
para hacer este ejercicio. Lo mejor para
asegurarnos esto es inclinar el cuerpo hacia
atrás cuando lo necesitemos, para que el
peso se encuentre correctamente distribuido
a ambos lados del banco de ejercicios.
El movimiento que tenemos que hacer consiste
básicamente en llevar nuestras rodillas
hacia arriba, en dirección a nuestro pecho,
manteniendo siempre la parte baja de las
piernas apuntando hacia el suelo, estiradas
como en la posición inicial.
Debemos flexionar nuestros músculos
abdominales con tanta fuerza como nos sea
posible. Siempre recordemos que el
movimiento debe ser en las rodillas y
cintura, no en el resto de la pierna.
Para lograr mejores resultados con este
ejercicio (y con la mayor parte, sino todos,
de los ejercicios de abdominales) es clave
el mantener siempre la tensión en los
músculos, mantenerlos tan “endurecidos” como
podamos, a lo largo de todo el movimiento,
sin relajar salvo que estemos sintiendo
algún dolor o alguna molestia que nos
obligue a hacerlo.
Este es un ejercicio que sirve para trabajar
los abdominales inferiores.
- Ejercicio Número 3: En este último
ejercicio que vamos a explicar (existen más,
pero con estos tres alcanza para comenzar
con nuestro entrenamiento) vamos a trabajar
los músculos abdominales que no hemos
trabajado en ninguno de los ejercicios
anteriores, que son los músculos “oblicuos”,
que son los que se encuentran a los costados
de la pared abdominal.
Para este ejercicio vamos a necesitar un
poco más de maquinaria que para los
anteriores. Básicamente, necesitaremos un
maquina de cables, una de esas que se
encuentran en los gimnasios que constan de
una estructura de acero o plástico con una
serie de cables que atraviesan poleas, con
agarraderas en un extremo y pesos del otro.
Estas maquinas son realmente muy buenas para
lo que estamos tratando de hacer ya que nos
permiten graduar el peso para adaptarlo a
nuestras necesidades, además de trabajar
específicamente las zonas que deseamos
trabajar.
Nos arrodillamos frente a la maquina
(mirando hacia donde está se encuentra),
siempre tratando de estar tan cómodos como
nos sea posible (para evitar dolores
innecesarios, necesidad de detenernos o
directamente lesiones) y tomamos ambos
cables con nuestras manos (estaremos
utilizando los que sirven para trabajar los
tríceps).
Para que la posición sea completamente
correcta, tenemos que haber acomodado los
cables para que al estar arrodillados
delante de la maquina las agarraderas hayan
quedado a ambos lados de nuestra cabeza, y
un poco por encima de esta.
El movimiento que tenemos que hacer consiste
en llevar las agarraderas hacia cada una de
nuestras rodillas, cruzándolas y haciéndolo
de manera alternada, primero la derecha,
después la izquierda.
Manejamos la cantidad de peso a nuestro
gusto, tratando siempre de que sean
cantidades con las que podamos trabajar y
completar todas las repeticiones, pero sin
que tampoco nos resulte tan liviano que no
estemos realmente haciendo ningún tipo de
ejercicio.
Para que el trabajo tenga todo el provecho
posible, el movimiento debe ser controlado,
despacio y manteniendo la tensión en los
músculos abdominales durante toda la
repetición. También tenemos que hacerlo
lentamente, sin apresurarnos y dejando que
el músculo trabaje con su propio ritmo.
Los resultados
Si intentamos realizar esta ejercitación
durante al menos ocho semanas, seguramente
estaremos notando los resultados mucho antes
de que este periodo de tiempo se acabe.
Siempre, por supuesto, recordando que tiene
que estar acompañado de una dieta adecuada;
y de que no podemos pedirle imposibles a
nuestro cuerpo, de que nuestras metas tienen
que tener lógica con respecto a lo que
podemos llegar a obtener.
Exigirnos imposibles no nos dará ningún
beneficio, tan solo nos hará perder las
esperanzas de alguna vez poder realmente
vernos de la forma en que queremos.
Y no hay que desesperarse. Con el tiempo y
el trabajo, todo esto que puede parecernos
un gran esfuerzo termina volviéndose parte
de nuestra vida habitual, a medida que
cambiamos nuestros hábitos poco saludables y
logramos llevar adelante una vida mejor.
Es tan solo cuestión de tiempo para que ya
no podamos volver a romper nuestra nueva y
mucho más recomendable rutina.