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De tanto pensar en
arrugas, manchas, flacidez, granos, etc. a veces
olvidamos un aspecto de la piel que puede
mejorar o empeorar mucho nuestro aspecto: la
luminosidad. En ocasiones, una piel sin ningún
problema aparente se ve fea por culpa de estar
apagada o gris... |
A continuación te contamos
qué factores tienen que ver con el mayor o
menor reflejo de la luz en tu piel:
1. El estrés:
La fatiga y el estrés liberan noradrenalina, un
potente neurotransmisor, lo que conlleva una
vasoconstricción que reduce la circulación de la
sangre en la superficie de la piel. Así, se
impide la buena circulación de los glóbulos
rojos y por tanto, la luz no se carga de color.
2. El entorno:
El aire frío también provoca una
vasoconstricción. Además, la polución influye
negativamente en la oxigenación de la piel.
3. La superficie:
Cuando lo esta lisa y homogénea, la luz se
difunde mal, por lo que el tono se vuelve
apagado.
Por tanto, para tener una piel con tono
luminoso, lo importante es que su superficie
esté lisa y tersa y que se estimule la
microcirculación cutánea.
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