Piel Normal
De aspecto
delicado, suave y saludable es la menos
problemática de todas. Sin embargo, este
equilibrio aparentemente perfecto puede
alterarse por causas de origen externo o
interno.
Cuando una piel
normal presenta tendencia hacia la grasa:
con brillo y espinillas o comedones en la
nariz y barbilla se la suele denominar
incorrectamente piel mixta. En realidad, es
un desequilibrio bastante frecuente en los
cutis normales con tendencia a padecer grasa
en la zona T (mentón, nariz y frente).
En otras
ocasiones, puede darse el caso contrario,
cuando aparecen ligeros signos de sequedad
alrededor de los ojos, boca, cuello, etc. Se
trata entonces de un cutis normal con
tendencia a la sequedad extrema y la
deshidratación. Este problema suele
presentarse a partir de los 40 años en la
mayoría de las pieles.
Los
desequilibrios en una u otra dirección deben
empezar a regularse desde el primer síntoma.
Para neutralizar la tendencia grasa (mixta)
debe insistirse en la exfoliación suave y
una limpieza profunda de las zonas
afectadas.
En este caso,
resulta conveniente sustituir la nutrición
por una hidratación ligera por medio de
fórmulas libres de aceites. Cuando se
presenta la tendencia hacia piel muy seca,
se debe ofrecer un extra que aumente el
nivel de hidratación con mascarillas hidro-nutritivas
y productos ricos en activos suavizantes y
emolientes.
¿Cómo
reconocerla?
Aspecto liso y
delicado.
Color rosado
uniforme.
Brillo moderado
mate.
Grano menudo y
poros invisibles.
Sin lesiones ni
descamaciones.
Tendencia a
grasa en la juventud (mixta) y a seca con la
edad.
Tolera bien el
jabón sin sensación de tirantez.
Aparición de
arrugas con la edad.
¿Qué cuidados necesita?
Limpieza diaria
(mañana y noche),
Hidratación y
foto-protección (mañana)
Nutrición
(noche).
Exfoliación y
mascarillas hidro-nutritivas cada semana.
Utilizar siempre
productos indicados para piel normal,
normal-seca o normal-grasa o mixta. Los
cuidados cosméticos además de adecuarse al
tipo de piel deben tener en cuenta la edad o
el estado de la misma. A partir de los 25
años se pueden aplicar cosméticos anti-envejecimiento.
Piel Seca
A menudo suele
ser una piel fina, delicada, frágil y
transparente, desprovista de parte de la
grasa superficial que constituye el film
hidrolipídico que actúa como protección
natural. Carece de brillo superficial y
tiene los poros cerrados. Puede mostrar
signos de descamación y sensación de
tirantez, incluso puede llegar a presentar
irritación y enrojecimiento.
Es una piel
ciertamente delicada que si no se cuida
adecuadamente puede tornarse sensible.
Necesita sobre todo mucha protección frente
a las agresiones del medio ambiente con
cremas de efecto barrera con carácter
untuoso que aumenten su confort y
elasticidad.
Uno de sus
mayores inconvenientes es la presencia de
signos de envejecimiento antes de tiempo. Lo
que se ha dado en llamar envejecimiento
prematuro puede surgir como consecuencia de
excesos solares y falta de protección. Se
manifiesta en forma de pronunciadas líneas
de expresión alrededor de los ojos (patas de
gallo) y entre la nariz y la boca con un
rictus marcado o en los pliegues del fumador
enmarcando los labios.
Este tipo de
piel agradece la aplicación de mascarillas
hidratantes dos veces por semana y fórmulas
multiactivas ricas en principios activos que
ayuden a proteger, hidratar y nutrir.
¿Cómo reconocerla?
Aspecto mate:
apagado y sin brillo.
Tono blanco
rosado.
Grano fino y
poro muy cerrado.
Tacto áspero, se
descama con facilidad y padece eccemas.
Fina y poco
elástica.
Tendencia a
padecer arrugas en el contorno de ojos y
boca.
Sensación de
tirantez.
Irritable en
presencia de jabón.
¿Qué cuidados necesita?
Limpieza suave
(mañana y noche)
Hidratación-foto-protección (mañana)
Nutrición
(noche)
Exfoliación
suave una vez por semana o cada quince días.
Mascarillas
hidratantes dos veces por semana.
Con productos
recomendados para cutis seco del tipo
emulsión agua en aceite muy emolientes y
untuosos para suavizar. Pueden empezar a
utilizar la nutrición y los tratamientos
anti-edad a partir de los 20 años.
Piel Grasa
Es el resultado
de una producción excesiva de sebo que
alcanza su punto álgido en la pubertad
(acné) y va disminuyendo con la edad, y muy
rápido a partir de los 45 años hasta
desaparecer por completo en la madurez.
Se reconoce con
facilidad por un brillo más o menos
pronunciado en todo el rostro que se acusa
especialmente en la zona T (barbilla, nariz
y frente). Suele tener un tacto áspero y un
tono deslucido. Los poros se hacen visibles
y pueden llegar a dilatarse y obstruirse con
frecuencia por lo que habrá que guardar una
limpieza absoluta, así como evitar tocarse
con los dedos.
El aspecto
“empedrado” de la piel grasa culmina en los
casos más graves con la aparición de grupos
de granos, susceptibles de inflamarse e
infectarse. La única ventaja de este tipo de
piel es que manifiestan más tarde las
arrugas ya que la grasa les protege, pero
esto no las exime de utilizar protección
solar igual que en el resto de los casos.
Con unos hábitos
cosméticos regulares las pieles grasas
pueden alcanzar su equilibrio. Es
recomendable realizar una o dos veces por
semana una limpieza extra con exfoliación
incluida y mascarilla limpiadora, la
frecuencia del tratamiento dependerá del
nivel de secreción sebácea.
¿Cómo reconocerla?
Aspecto
brillante en la frente, nariz y barbilla.
Color cetrino y
tacto viscoso.
Poros visibles y
dilatados.
Tendencia a
granos, espinillas, puntos negros y acné.
Gruesa y
elástica.
Tolera bien el
jabón.
Sin arrugas.
¿Qué cuidados necesita?
Limpieza
profunda (mañana y noche)
Hidratación
libre de aceites (mañana)
Exfoliación
semanal siempre que no haya granos.
Mascarillas
limpiadoras, purificantes o desincrustantes.
Extracción de
impurezas.
Con unos hábitos
cosméticos regulares este tipo de piel puede
conseguir el equilibrio.
Piel Sensible
Cualquier tipo
de piel puede volverse sensible si se ve
sometida a una serie de circunstancias
capaces de irritarla lo suficiente. Nuestra
piel se enfrenta a un mundo cada vez más
agresivo y contaminado. Este hecho produce
una serie de reacciones en cadena con un
epicentro conocido: los radicales libres,
que la maltratan y exasperan más de lo
normal, elevando al límite su grado de
sensibilidad.
Los cambios
climáticos bruscos, la polución ambiental y
la intensidad incisiva de las radiaciones
solares nos rodean y el único órgano que
hace frontera entre todos esos agentes
externos y nosotros mismos es la piel. Si
queremos mantenerla a salvo del desastre,
debemos prestarle ayuda urgente.
La hidratación y
la protección son las mejores armas porque
surten un efecto barrera que nos aisla de un
medio ambiente cada día más hostil. Pero
toda la culpa no proviene del exterior,
muchas veces la procesión va por dentro:
estrés, comida basura, incluso un mal uso y
abuso de cosméticos pueden ser la causa.
Las pautas para
reconocer si tenemos la piel sensible son
tan claras como molestas: sensación de
ardor, prurito, deshidratación y
perturbaciones de la microcirculación. Este
síndrome de sensibilidad extrema no llega a
tener la categoría de enfermedad, aunque los
dermatólogos admiten que se trata de un
problema real y complejo.
El tratamiento
más adecuado consiste en fórmulas cosméticas
específicas para pieles sensibles o
intolerantes, cuando el nivel de
sensibilidad alcanza la dermatitis atópica.
Los principios activos deben ser ricos para
proporcionar una alimentación urgente, pero
al mismo tiempo deben estar seleccionados
con el máximo cuidado para que no sean
demasiado agresivos.
¿Cómo reconocerla?
Aspecto frágil y
vulnerable.
Tonalidad clara,
transparente o rosada.
Fina y delicada.
Poro invisible.
Tendencia a
padecer rojeces, ardor y tirantez.
No tolera bien
el jabón.
Tendencia a
padecer couperosis.
¿Qué cuidados necesita?
Limpieza suave
(mañana y noche)
Hidratación-foto-protección (mañana y noche)
Nutrición ligera
(noche)
Exfoliación
mensual o cada quince días.
Mascarillas
hidratantes, calmantes o refrescantes.
El uso de
cosméticos inapropiados puede generar
reacciones de sensibilidad, sobre todo las
fórmulas perfumadas y con texturas densas.
Aplicar productos ligeros que aporten
confort y elasticidad. Evitar las limpiezas
agresivas.