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La piel contiene un
70% de agua, lo que viene a ser del 25 al 35% de
la que hay en nuestro organismo. Esta
equivalencia varía en función de sus propias
necesidades y de las del resto del cuerpo, al
que le cede parte cuando la necesita. |
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El contenido hídrico de la
piel se reparte de la siguiente manera:
Dermis:
Este estrato, que es la capa más profunda de la
piel, posee un 70% de agua. En realidad, es una
reserva hídrica de la que se nutren las capas
más superficiales. Gracias a ella, se aseguran
la turgencia y las propiedades biomecánicas para
la extensión y recuperación de fibras como el
colágeno y la elastina.
Epidermis:
La perspiración insensible es la pérdida de agua
que sufre la piel sin que nos demos cuenta. La
epidermis es la capa que solicita a la dermis el
agua necesaria para reponer la pérdida y
asegurar el buen funcionamiento de la capa
córnea, finísimo parapeto que la recubre,
protegiéndola del exterior. En la epidermis, el
agua cumple un papel plastificante.
Capa córnea:
Es una finísima pero sofisticada construcción,
donde los ladrillos serían las células, y los
lípidos, el cemento que las une. De ella no solo
depende la belleza del cutis, sino la protección
de la piel frente al medio ambiente y los
intercambios con el exterior. Para hacerlo
correctamente, el estrato córneo cuenta con una
película hidrolipídica, que lo plastifica.
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