Actualmente, ya nadie se depila
completamente las cejas para redibujarlas de
nuevo. Se intenta conservar su espesor y su
forma natural, y en todo caso se alargan un
poco hacia las sienes y se redensifican,
maquillándolas muy ligeramente con un lápiz,
con pequeños trazos, nunca una línea larga.
Las máscaras tienen hoy la
importancia que tenía antes el rojo de
labios: es esencial. Hay que echar el resto
y pasar varias capas para dar la máxima
intensidad.
Las pestañas no son nunca demasiado
largas ni afiladas, porque abren la mirada.
Hay que evitar las máscaras demasiado
fosforescentes porque apagan el destello de
las pupilas. Las mejores opciones son azul
marino, ciruela, negra o marrón.